lunes, 29 de agosto de 2011

Confinados

Sentía la brisa refrescar su cuerpo algo recalentado por el tibio sol de los primeros días de primavera. El mar, todavía enfadado con los rigores del invierno, azotaba las rocas al fondo del acantilado con la constancia de quien sabe que acabará venciendo. A su lado, su esposa contemplaba serenamente el horizonte.

Por un momento, casi llegó al olvidar que no eran libres.

3 comentarios:

  1. Información Bitacoras.com...

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  2. Seguro que cuando falta la libertad, la brisa, el aire y el sol de primavera son mucho más placenteros pero infinitamente más triste.

    Has regresado a los micros, bien. (aunque no me importa que pongas actualidades, las de los ebook son interesantes)

    Un saludo

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  3. Hola, José Vte. yo también prefiero escribir micros, pero, desgraciadamente, no siempre encuentro el tema o el tiempo para hacerlo.
    Saludos.

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