viernes, 2 de mayo de 2014

El último verano

Hacía varias semanas que había comenzado a escanear las fotografías antiguas. Era una tarea ingente y que no tenía la seguridad de terminar, no tanto por su volumen, como porque no estaba seguro de que valiera la pena hacerlo, aunque intentaba darse ánimos con la idea de que a sus nietos les haría ilusión que les regalara un dvd con todas las fotografías, en las que podrían ver a sus padres de niños y de jóvenes, antes de que ellos hubieran nacido.
Cogió la siguiente fotografía del montón que tenía a su izquierda, sin mirarla, la puso en el escáner y con el ratón inició la operación. En unos segundos la imagen estaba en la pantalla: el hotel en el que había veraneado con sus padres hasta que cumplió los diez y ocho años.
Sus pensamientos volaron hasta el verano de sus diez y seis años y se encontraron de nuevo con Lucía. Si estuviese viendo la imagen, ésta se habría nublado con las lágrimas que llenaron sus ojos, pero no estaba mirando la pantalla y en su cerebro lo veía todo completamente nítido. 
Lucía lo había deslumbrado con sus hermosos ojos grises, sus dientes perfectos que se mostraban tras la eterna sonrisa que adornaba su cara y la voz dulce con la que, al final de aquel larguísimo verano, le dijo que le quería.
Aurelio nunca llegó a comprender lo que ocurrió después. De regreso en Madrid, la llamó ese mismo día por la noche y se encontró con que el número estaba equivocado. «¡Cómo se podía ser tan tonto!», se reprochó. Decidió esperar un par de días para ver si le llamaba ella. Al tercer día, desesperado y temiendo que ella creyese que él no tenía interés en volver a verla, llamó al hotel. Con la excusa de que tenía que devolverle un libro que le había prestado, convenció al recepcionista para que le diera su número de teléfono, pero éste, después de unos segundos de interminable espera, le dijo que en la ficha de los clientes no constaba ningún número de teléfono.
Las semanas fueron pasando y Aurelio se resignó a no volver a ver a Lucía. Pero, llegó el verano siguiente y regresó de nuevo con sus padres al hotel y también regresó la ilusión de volver a verla. Lo primero que hizo nada más llegar fue preguntar en recepción si estaban alojados los padres de Lucía. Sus esperanzas se desvanecieron cuando el empleado le dijo que no estaban y que ni siquiera tenían reserva.
Los dos meses en el hotel los dedicó a alimentar la tristeza que le producía el recuerdo de Lucía y todos y cada uno de los momentos vividos con ella el año anterior.
Aunque entonces él no lo sabía, ese fue su último verano en aquel hotel y ahora, al recordarlo, pensó que, en realidad, había sido el último verano de su vida.

Ernesto Valfer


Este relato se publicó el 2 de mayo de 2014 en Letras Inquietas
La fotografía fue publicada en Twitter por @BEAUTIFULPlCS: Picturesque. pic.twitter.com/jhmNdfW018)

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