Estaba de pie ante él con los ojos arrasados en lágrimas. Pensó que sería fuerte, pero, en el último momento, sus nervios la traicionaron. Sin embargo, ya nada sería igual a partir de ahora; ya no habría más miedos, ni más risas; no habría más celos, ni más amor. El mundo sería más gris y menos amable; ya no habría más pasión.
Le dirigió una última mirada: su cara había dejado de parecerse a la del hombre que tanto había amado.
Antes de girarse por completo, no pudo evitar un último reproche: “¿por qué has tenido que hacerlo; por qué has tenido que morirte y dejarme sola?”
Le dirigió una última mirada: su cara había dejado de parecerse a la del hombre que tanto había amado.
Antes de girarse por completo, no pudo evitar un último reproche: “¿por qué has tenido que hacerlo; por qué has tenido que morirte y dejarme sola?”