Como todos los días
Como todos los días me levantaba a las 7 de la mañana.
Como todos los días me aseaba, me vestía, me tomaba un rápido café con leche, y me preparaba un pequeño bocadillo para el almuerzo de media mañana.
Como todos los días salía de casa, saludaba al vecino con quién coincidía en muchas ocasiones y comentábamos el tiempo que hacía durante el corto trayecto del ascensor.
Como todos los días cogía el coche y al rato llegaba al atasco a la salida de la ciudad, fugazmente nos mirábamos unos y otros, sin saludarnos, pero con la complicidad de quién ya es un conocido a fuerza de verse a diario.
Como todos los días, llegaba a mi puesto de trabajo, saludaba a todos los compañeros y, con algo de pereza al principio, empezaba, un día más, mi jornada laboral.
Hoy y como todos los días, me he levantado a las 8 de la mañana,
Hoy y como todos los días me he aseado, me he vestido con la camiseta y el pantalón de chándal habitual, me he preparado un café con leche, que he tomado lentamente, y he encendido la radio para escuchar las noticias de la mañana
Hoy y como todos los días he despedido con un beso a mis hijas que iban al instituto.
Hoy y como todos los días me he puesto delante del ordenador y para romper la rutina, he decidido escribir este corto relato.
José Vte.
miércoles, 28 de marzo de 2012
martes, 27 de marzo de 2012
Érase una vez la crisis: Recuerdos, de Tony Jiménez
Recuerdos
Te conozco. Recuerdo tu corbata hortera en la que te gastaste más dinero de lo que valía. Tu traje hecho a medida, pagado con un dinero que de verdad crees haber ganado con tu esfuerzo. Recuerdo tus palabras vacías sobre enormes hipotecas que ni tú podrías cumplir. Tus vacuas promesas a pobres ancianos sobre ahorros a plazo fijo. Recuerdo tu falsa sonrisa, que inspiraba tranquilidad y honestidad a pesar de ser palabras de las que seguro desconoces su significado real. Recuerdo tu impecable lenguaje, adornado con términos que piensas sólo conocer tú; vocablos creados por personas de tu calaña para arruinar a gente humilde y poder dormir con tranquilidad al mismo tiempo. Recuerdo tu altanería, sabiendo que en estos tiempos de crisis asesina de sueños y esperanzas estás en el equipo ganador.
Y ahora te veo. Con tus zapatillas de deporte gastadas por mañanas perdidas de pie en la cola del paro. Con camisetas manchadas por bocadillos baratos devorados con ansía sin saber cuál va a ser tu próxima comida. Con el sonido tintineante de unas pocas monedas en los bolsillos de tus vaqueros roídos. Con tu cabeza gacha, ya agotada toda la arrogancia que pensabas infinita. Usando palabras que en otro tiempo avergonzaban a tus oídos aunque no saliesen de tus labios. Sin el poder ya de escupir pactos sin más contenido que el que tú querías inventar. Te veo mendigar junto a aquellos a los que engañaste para acabar en la caja de cartón de al lado.
Al final, hasta los poderosos caen. Y, ¿sabes? No lo siento. Es lo que espero.
Es lo que siempre recordaré.
Tony Jiménez
Te conozco. Recuerdo tu corbata hortera en la que te gastaste más dinero de lo que valía. Tu traje hecho a medida, pagado con un dinero que de verdad crees haber ganado con tu esfuerzo. Recuerdo tus palabras vacías sobre enormes hipotecas que ni tú podrías cumplir. Tus vacuas promesas a pobres ancianos sobre ahorros a plazo fijo. Recuerdo tu falsa sonrisa, que inspiraba tranquilidad y honestidad a pesar de ser palabras de las que seguro desconoces su significado real. Recuerdo tu impecable lenguaje, adornado con términos que piensas sólo conocer tú; vocablos creados por personas de tu calaña para arruinar a gente humilde y poder dormir con tranquilidad al mismo tiempo. Recuerdo tu altanería, sabiendo que en estos tiempos de crisis asesina de sueños y esperanzas estás en el equipo ganador.
Y ahora te veo. Con tus zapatillas de deporte gastadas por mañanas perdidas de pie en la cola del paro. Con camisetas manchadas por bocadillos baratos devorados con ansía sin saber cuál va a ser tu próxima comida. Con el sonido tintineante de unas pocas monedas en los bolsillos de tus vaqueros roídos. Con tu cabeza gacha, ya agotada toda la arrogancia que pensabas infinita. Usando palabras que en otro tiempo avergonzaban a tus oídos aunque no saliesen de tus labios. Sin el poder ya de escupir pactos sin más contenido que el que tú querías inventar. Te veo mendigar junto a aquellos a los que engañaste para acabar en la caja de cartón de al lado.
Al final, hasta los poderosos caen. Y, ¿sabes? No lo siento. Es lo que espero.
Es lo que siempre recordaré.
Tony Jiménez
viernes, 23 de marzo de 2012
Érase una vez la crisis: Vuelva usted el mes que viene, de María José Cádiz
Vuelva usted el mes que viene
Toñi llevaba más de tres cuartos de hora haciendo cola en la secretaría del instituto de su hijo: «Esto me pasa por despistarme y esperar siempre a última hora, si me descuido se me pasa el plazo de solicitud de la beca». Claro, que eso parecía que les había pasado a todos. La mujer miraba el reloj angustiada, si seguía así perdería la cita que tenía con el médico para la revisión de su hija pequeña, y no estaban las cosas para bromas, ya le había costado Dios y ayuda conseguirla, vamos, que poco más, y la revisión de los siete años se la hacen a la niña a los catorce: «Cosas de la crisis señora Huélamo, con tantos recortes estamos desbordados». Recordaba las palabras de la secretaria del Centro de ¿Salud?
Toñi tenía una maldita manía; siempre que esperaba muerta de aburrimiento en un sitio le daba por mirar las caras de los que, como ella, compartían espera, entraban o salían y, ¡oh Dios!, las caras de todos los que se marchaban en aquel momento no le gustaban nada.
Al fin, tras una paciente dilación, llegó a pie de mostrador. El ansia viva inundó su cuerpo e hizo multiplicar por dos su velocidad al hablar.
— Buenos días, venía para solicitar la beca de mi hijo, un poco más y se me pasa el plazo —soltó de carrerilla y a punto de ahogarse.
— Buenos días, ya veo que trae toda la documentación en regla, voy a comprobar el expediente de su hijo, Iván Mateos Huélamo, ¿verdad?
— Sí, sí.
El hombre se apartó de allí y al cabo de un rato volvió con una carpeta y un gesto no muy esperanzador.
— Pues me temo que este año lo de la beca lo va a tener muy mal.
— ¿Por?
— ¿Es que no se ha enterado que ahora las becas las van a conceder por las calificaciones de los chicos? Sí, ya no vale eso de que los sueldos no llegan. Cosas de la crisis, es una forma más de reducir, ¿sabe? Y es que Iván, bueno que quiere que le diga de su hijo que usted no sepa, no es precisamente un buen estudiante.
— ¿Cómo? Entonces ahora aunque su padre gane una miseria y nos veamos con el agua al cuello a final de mes, ¿no tendremos beca?
— Pues me temo que no señora, porque además veo que ustedes no son tampoco familia numerosa…
— Un momento, me acaba de decir que esas cosas ya no valen.
— Bueno sí, pero quizá, si fuesen más de familia algo se podría hacer.
— Pues a mí me parece que la manutención de cuatro personas ya está bien, con esos sueldos de pacotilla —dijo la mujer indignada.
Toñi salió cabreada de allí y, para colmo, ya no llegaba ni de coña al médico con Laurita, se imaginaba la cara de circunstancias de la recepcionista del Centro de Salud: «Lo siento señora Huélamo, pero ya no va a poder ser hasta el mes que viene; cosa de los recortes».
María José Cádiz
Toñi llevaba más de tres cuartos de hora haciendo cola en la secretaría del instituto de su hijo: «Esto me pasa por despistarme y esperar siempre a última hora, si me descuido se me pasa el plazo de solicitud de la beca». Claro, que eso parecía que les había pasado a todos. La mujer miraba el reloj angustiada, si seguía así perdería la cita que tenía con el médico para la revisión de su hija pequeña, y no estaban las cosas para bromas, ya le había costado Dios y ayuda conseguirla, vamos, que poco más, y la revisión de los siete años se la hacen a la niña a los catorce: «Cosas de la crisis señora Huélamo, con tantos recortes estamos desbordados». Recordaba las palabras de la secretaria del Centro de ¿Salud?
Toñi tenía una maldita manía; siempre que esperaba muerta de aburrimiento en un sitio le daba por mirar las caras de los que, como ella, compartían espera, entraban o salían y, ¡oh Dios!, las caras de todos los que se marchaban en aquel momento no le gustaban nada.
Al fin, tras una paciente dilación, llegó a pie de mostrador. El ansia viva inundó su cuerpo e hizo multiplicar por dos su velocidad al hablar.
— Buenos días, venía para solicitar la beca de mi hijo, un poco más y se me pasa el plazo —soltó de carrerilla y a punto de ahogarse.
— Buenos días, ya veo que trae toda la documentación en regla, voy a comprobar el expediente de su hijo, Iván Mateos Huélamo, ¿verdad?
— Sí, sí.
El hombre se apartó de allí y al cabo de un rato volvió con una carpeta y un gesto no muy esperanzador.
— Pues me temo que este año lo de la beca lo va a tener muy mal.
— ¿Por?
— ¿Es que no se ha enterado que ahora las becas las van a conceder por las calificaciones de los chicos? Sí, ya no vale eso de que los sueldos no llegan. Cosas de la crisis, es una forma más de reducir, ¿sabe? Y es que Iván, bueno que quiere que le diga de su hijo que usted no sepa, no es precisamente un buen estudiante.
— ¿Cómo? Entonces ahora aunque su padre gane una miseria y nos veamos con el agua al cuello a final de mes, ¿no tendremos beca?
— Pues me temo que no señora, porque además veo que ustedes no son tampoco familia numerosa…
— Un momento, me acaba de decir que esas cosas ya no valen.
— Bueno sí, pero quizá, si fuesen más de familia algo se podría hacer.
— Pues a mí me parece que la manutención de cuatro personas ya está bien, con esos sueldos de pacotilla —dijo la mujer indignada.
Toñi salió cabreada de allí y, para colmo, ya no llegaba ni de coña al médico con Laurita, se imaginaba la cara de circunstancias de la recepcionista del Centro de Salud: «Lo siento señora Huélamo, pero ya no va a poder ser hasta el mes que viene; cosa de los recortes».
María José Cádiz
miércoles, 21 de marzo de 2012
Érase una vez la crisis: La cola del desempleo, de Kilili
La cola del desempleo
¡Otro día más en la cola del paro! ¿Y cuántos van ya? ¡Uf, ni los cuento ya! Desde que, la empresa quebró y nos echó a todos a la puta calle… pero, ni un miserable euro nos dio.
Doscientas ochenta y ocho personas a la calle. La inmensa mayoría, casadas y casados con hijos y muchas deudas que pagar. Sin embargo, aquí estamos la mayor parte de nosotros, en la cola del desempleo y… ¡Jugando! (¡Sí, jugar, leíste bien!). Hicimos todos, una promesa; según vayamos muriendo de hambre, se sorteará al muerto entre todos los de la cola. Y aquí estoy…
Esperando a ver si hoy me sonríe la suerte y llevo algo de carne a casa.
Kilili
¡Otro día más en la cola del paro! ¿Y cuántos van ya? ¡Uf, ni los cuento ya! Desde que, la empresa quebró y nos echó a todos a la puta calle… pero, ni un miserable euro nos dio.
Doscientas ochenta y ocho personas a la calle. La inmensa mayoría, casadas y casados con hijos y muchas deudas que pagar. Sin embargo, aquí estamos la mayor parte de nosotros, en la cola del desempleo y… ¡Jugando! (¡Sí, jugar, leíste bien!). Hicimos todos, una promesa; según vayamos muriendo de hambre, se sorteará al muerto entre todos los de la cola. Y aquí estoy…
Esperando a ver si hoy me sonríe la suerte y llevo algo de carne a casa.
Kilili
lunes, 19 de marzo de 2012
Érase una vez la crisis: Malhechores, de Ricardo Corazón de León
Malhechores
Estoy cansado, cansado y aburrido. Voy por las calles caminando sin ningún destino final. Vagabundeo con las manos en los bolsillos y dándole patadas a las latas vacías que nadie recoge porque los barrenderos, basureros y demás están en huelga.
Lo que más me cansa es ver siempre los mismos carteles, en todas las casas, es como un mantra, una repetición, una oración… ¡MALDITA CRISIS!
Ricardo Corazón de León
Estoy cansado, cansado y aburrido. Voy por las calles caminando sin ningún destino final. Vagabundeo con las manos en los bolsillos y dándole patadas a las latas vacías que nadie recoge porque los barrenderos, basureros y demás están en huelga.
Lo que más me cansa es ver siempre los mismos carteles, en todas las casas, es como un mantra, una repetición, una oración… ¡MALDITA CRISIS!
Ricardo Corazón de León
domingo, 18 de marzo de 2012
Érase una vez la crisis: Los ricachones, de Arturo Fraga Salazar
Los ricachones
Hace ya tiempo que no tengo trabajo, ni nadie que yo conozca. Entendiéndose por trabajo el que se declara al Fisco y el que paga impuestos. Soy extremadamente feliz y nunca jamás en mi vida hubiera creído posible que llegara a juntar tanto dinero. A ver, yo soy un obrero de la construcción, albañil, vamos y, claro, cuando sucedió lo de las inmobiliarias, me quedé sin trabajo por la llamada “burbuja inmobiliaria” que ni sé lo que es ni me importa.
Como llevaba años trabajando me dieron el paro y de esto sobrevivía intentando en el INEM una y otra vez, obtener un trabajo. La gente decía que estaba loco si creía que iba a encontrar trabajo así. Pero qué otra cosa podía hacer. Buscaba y buscaba con los anuncios en la prensa pero no encontraba nada. Me trasladé a vivir a un pueblo de Valencia de donde es mi cuñado casado con mi única hermana y en el que tiene un pequeño apartamento. Allí se trasladó mi expediente del paro, puesto que me quedé sin casa por ejecutarme la hipoteca el banco. Yo no entiendo muy bien esto, ni cómo ha sucedido. Mi abogado ha dicho que todo esto es correcto y que no hay nada ilegal. Pero ¿cómo puede ser legal que yo haya pagado por un apartamento pequeño 100.000 € durante años de hipoteca, que este cuchitril costaba 100.000 € y que me lo han quitado para el pago de la hipoteca y todavía siga debiéndole dinero al banco? No sé si será legal o no pero no creo que sea justo.
Como mi hermana me prestó su casa para vivir y no pagaba nada se me ocurrió que podía hacerle la obra que tanto soñaba ella: alicatar la cocina entera tirando un muro y otro para unir la cocina al salón y que les quedara un gran salón comedor y cocina. Les hice un murete de mampostería como ella me pidió para tener una cocina de lujo como sale en las grandes revistas. Por supuesto, que mi cuñado y ella me pagaron todos los materiales y se pusieron contentísimos con mi agradecimiento. Vinieron varias veces a verlo, lo fotografiaron, vinieron otros vecinos y amigos de ellos y entre lo que yo hablaba en el bar y esa gente, me fui haciendo una clientela que me daba mis buenos dineros. Yo, al principio, pensé en darme de baja en el paro y de alta en la seguridad social como autónomo, pero las personas que me contrataban no querían pagar el IVA, si yo no cobraba el IVA, cómo iba a pagar Hacienda? Y además, así era mucho más fácil y más lucrativo.
Tengo muchísimos trabajos encargados. Soy mi propio jefe, tengo mi horario, cobro caro pero mi labor la realizo con gran perfección.
Ahora ya tengo dos ayudantes a los que les pago “en negro” como dicen aquí y están muy contentos. Ellos tampoco declaran a Hacienda. Además, en las empresas que compro los materiales también me los venden sin IVA, así que eso que me ahorro y les cobro a los señores que me encargan los trabajos. Me he comprado una furgoneta Mercedes-Benz, último modelo y a tocateja y me han hecho tantos descuentos que casi me la regalan porque no venden ni un triciclo.
Yo tengo la conciencia tranquila porque al fin y al cabo yo me gano el sustento y la nueva casa en la que vivo (que me costó bien barata, ya se sabe, la crisis) con el sudor de mi frente. Hay muchos compañeros que también lo hacen así. Son electricistas, fontaneros, jardineros, pintores, etc…Y viven tan bien como yo o más. Aquí nadie investiga a nadie. Además cuando vienen las inspecciones a los sitios que yo conozco, a las empresas, les avisan previamente por teléfono y ese día están todos los que tienen que estar y desaparecen los que no deben. Claro que al de la llamada le pagan un “plus”, pero, claro, todo tiene un precio, no?
Ahora, yo con lo que no comulgo es con ese gran grupo de vagos que no trabajan y se dedican, como dicen ellos, a “moldear su cuerpo”. Hay deportistas que están cobrando incluso por su participación en los partidos, eso está bien, se lo han currado, y los ciclistas también por los tours. Hay muchísimos de estos que no trabajan pero que son los tipos más guapos, dicen ellos. Se hacen fuertes, hacen pesas, corren todos los días, siempre están morenos porque van a la playa diariamente y sus señoras se mosquean porque las chicas les miran en verano y en invierno. Nunca he visto vagos tan bien pagados y tan bien vestidos. Y la gente trabajadora como yo, vivimos mucho mejor que nunca y llevamos trajes de 1000 € en las comuniones, bautizos, bodas y entierros.
Ahora me he convertido, según me dicen, me sonrío, en el soltero de oro y hay una gran cantidad de chicas que me tiran los tejos… No sé qué empeño tiene todo el mundo en hablar de crisis en todas partes… Nosotros los parados, nunca hemos vivido mejor: los que trabajan y los vagos, todos.
Arturo Fraga Salazar
Hace ya tiempo que no tengo trabajo, ni nadie que yo conozca. Entendiéndose por trabajo el que se declara al Fisco y el que paga impuestos. Soy extremadamente feliz y nunca jamás en mi vida hubiera creído posible que llegara a juntar tanto dinero. A ver, yo soy un obrero de la construcción, albañil, vamos y, claro, cuando sucedió lo de las inmobiliarias, me quedé sin trabajo por la llamada “burbuja inmobiliaria” que ni sé lo que es ni me importa.
Como llevaba años trabajando me dieron el paro y de esto sobrevivía intentando en el INEM una y otra vez, obtener un trabajo. La gente decía que estaba loco si creía que iba a encontrar trabajo así. Pero qué otra cosa podía hacer. Buscaba y buscaba con los anuncios en la prensa pero no encontraba nada. Me trasladé a vivir a un pueblo de Valencia de donde es mi cuñado casado con mi única hermana y en el que tiene un pequeño apartamento. Allí se trasladó mi expediente del paro, puesto que me quedé sin casa por ejecutarme la hipoteca el banco. Yo no entiendo muy bien esto, ni cómo ha sucedido. Mi abogado ha dicho que todo esto es correcto y que no hay nada ilegal. Pero ¿cómo puede ser legal que yo haya pagado por un apartamento pequeño 100.000 € durante años de hipoteca, que este cuchitril costaba 100.000 € y que me lo han quitado para el pago de la hipoteca y todavía siga debiéndole dinero al banco? No sé si será legal o no pero no creo que sea justo.
Como mi hermana me prestó su casa para vivir y no pagaba nada se me ocurrió que podía hacerle la obra que tanto soñaba ella: alicatar la cocina entera tirando un muro y otro para unir la cocina al salón y que les quedara un gran salón comedor y cocina. Les hice un murete de mampostería como ella me pidió para tener una cocina de lujo como sale en las grandes revistas. Por supuesto, que mi cuñado y ella me pagaron todos los materiales y se pusieron contentísimos con mi agradecimiento. Vinieron varias veces a verlo, lo fotografiaron, vinieron otros vecinos y amigos de ellos y entre lo que yo hablaba en el bar y esa gente, me fui haciendo una clientela que me daba mis buenos dineros. Yo, al principio, pensé en darme de baja en el paro y de alta en la seguridad social como autónomo, pero las personas que me contrataban no querían pagar el IVA, si yo no cobraba el IVA, cómo iba a pagar Hacienda? Y además, así era mucho más fácil y más lucrativo.
Tengo muchísimos trabajos encargados. Soy mi propio jefe, tengo mi horario, cobro caro pero mi labor la realizo con gran perfección.
Ahora ya tengo dos ayudantes a los que les pago “en negro” como dicen aquí y están muy contentos. Ellos tampoco declaran a Hacienda. Además, en las empresas que compro los materiales también me los venden sin IVA, así que eso que me ahorro y les cobro a los señores que me encargan los trabajos. Me he comprado una furgoneta Mercedes-Benz, último modelo y a tocateja y me han hecho tantos descuentos que casi me la regalan porque no venden ni un triciclo.
Yo tengo la conciencia tranquila porque al fin y al cabo yo me gano el sustento y la nueva casa en la que vivo (que me costó bien barata, ya se sabe, la crisis) con el sudor de mi frente. Hay muchos compañeros que también lo hacen así. Son electricistas, fontaneros, jardineros, pintores, etc…Y viven tan bien como yo o más. Aquí nadie investiga a nadie. Además cuando vienen las inspecciones a los sitios que yo conozco, a las empresas, les avisan previamente por teléfono y ese día están todos los que tienen que estar y desaparecen los que no deben. Claro que al de la llamada le pagan un “plus”, pero, claro, todo tiene un precio, no?
Ahora, yo con lo que no comulgo es con ese gran grupo de vagos que no trabajan y se dedican, como dicen ellos, a “moldear su cuerpo”. Hay deportistas que están cobrando incluso por su participación en los partidos, eso está bien, se lo han currado, y los ciclistas también por los tours. Hay muchísimos de estos que no trabajan pero que son los tipos más guapos, dicen ellos. Se hacen fuertes, hacen pesas, corren todos los días, siempre están morenos porque van a la playa diariamente y sus señoras se mosquean porque las chicas les miran en verano y en invierno. Nunca he visto vagos tan bien pagados y tan bien vestidos. Y la gente trabajadora como yo, vivimos mucho mejor que nunca y llevamos trajes de 1000 € en las comuniones, bautizos, bodas y entierros.
Ahora me he convertido, según me dicen, me sonrío, en el soltero de oro y hay una gran cantidad de chicas que me tiran los tejos… No sé qué empeño tiene todo el mundo en hablar de crisis en todas partes… Nosotros los parados, nunca hemos vivido mejor: los que trabajan y los vagos, todos.
Arturo Fraga Salazar
sábado, 17 de marzo de 2012
Érase una vez la crisis: Condenados, de Patricia Nasello
Condenados
Creo recordar que fui a su casa un día de invierno. Vi que él estaba solo, sin la compañía de sus amigos de siempre.
—El otro se los llevó —dijo.
Supongo que era junio o julio porque si hago memoria, siento un frío de escarcha cubriéndome los pies. Es posible que yo anduviese buscando las huellas del rapto en esa escarcha, que continuara mi pesquisa dentro de los galpones, escarbando entre las herramientas en desuso. Es posible que caminase hasta los viejos portones de la fábrica abandonada. No sé si fue un delirio pero entonces a mi lado pasó un ser compuesto solo por una cabeza humana de la que salía un vientre enorme —como si el monstruo estuviese preñado— de su ombligo surgían hombres diminutos vestidos de traje y corbata; trotaban a su lado procurando que la bestia no los pisoteara. Tanto esfuerzo elegante causaba gracia. Creo que reí.
Creo que grité mi desconsuelo.
Una mañana el otro vino por él. Era verano. Tomé una piedra, con un cincel grabé su nombre. Y las palabras de costumbre: "otro más."
Patricia Nasello
Creo recordar que fui a su casa un día de invierno. Vi que él estaba solo, sin la compañía de sus amigos de siempre.
—El otro se los llevó —dijo.
Supongo que era junio o julio porque si hago memoria, siento un frío de escarcha cubriéndome los pies. Es posible que yo anduviese buscando las huellas del rapto en esa escarcha, que continuara mi pesquisa dentro de los galpones, escarbando entre las herramientas en desuso. Es posible que caminase hasta los viejos portones de la fábrica abandonada. No sé si fue un delirio pero entonces a mi lado pasó un ser compuesto solo por una cabeza humana de la que salía un vientre enorme —como si el monstruo estuviese preñado— de su ombligo surgían hombres diminutos vestidos de traje y corbata; trotaban a su lado procurando que la bestia no los pisoteara. Tanto esfuerzo elegante causaba gracia. Creo que reí.
Creo que grité mi desconsuelo.
Una mañana el otro vino por él. Era verano. Tomé una piedra, con un cincel grabé su nombre. Y las palabras de costumbre: "otro más."
Patricia Nasello
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