No conocía a los que acababan de entrar en la habitación y sentía el vago temor de que fueran a hacerle daño.
Notó un pinchazo en el brazo y al poco tiempo, al menos eso le pareció, la luz llenó la estancia.
- Parece que ha vuelto – oyó que alguien susurraba.
Abrió los ojos con cuidado, para evitar que la luz le cegara, pero la obscuridad era total. No había nadie más en el pequeño cuarto.
En la parte inferior de la puerta se abrió una trampilla y alguien introdujo por ella una bandeja con un plato y una vaso.
Se despertó, la luz de una descarnada bombilla iluminaba la celda. La bandeja con la comida estaba junto a la puerta.