sábado, 22 de septiembre de 2018

Compañeros

No es lo mismo tener la intuición de que algo puede ir mal a tener la certeza de que algo ya está yendo mal. Y Pedro tenía la seguridad de que algo estaba yendo muy mal, aunque todavía no sabía qué era. Notaba las miradas de los compañeros de trabajo cuando sabían que él no podía verlos, cuando les daba la espalda, cuando iba al baño o a la máquina de café. Sentía en su nuca, en su espalda, las miradas disimuladas con la misma intensidad que si fueran dardos que le lanzaran con moderada fuerza, casi podía sentir el impacto cuando un nuevo par de ojos se posaban sobre él.

sábado, 15 de septiembre de 2018

Vete

La había conocido una noche en la que el alcohol le hacía sentirse a él más ingenioso de lo que en realidad era y a ella más audaz de lo que aparentaba normalmente.
En su círculo de amigos, Esteban tenía fama de ser buena persona aunque un poquito soso. Es decir que sería la última persona que elegiría cualquiera de ellos para irse de fiesta. Y Eloísa tenía, entre sus amigas, fama de mosquita muerta. Que traducido a su lenguaje significaba que había que andarse con cuidado con ella porque las mataba callando.
Aquella noche el destino quiso que se encontraran cuando el alcohol estaba presente para ser el catalizador de una reacción inesperada.

domingo, 9 de septiembre de 2018

Sin condiciones


Llegó a su casa, se quitó la chaqueta y la corbata y las colgó con cuidado en el respaldo de una silla. Sacó del frigorífico una buena cantidad de hielo, tomó una botella de güisqui y un vaso y salió a la terraza de su ático desde la que se divisaba una excelente vista de la bahía gijonesa. La tarde era inusualmente cálida aun para estar a principios del mes de junio y la mar estaba tranquila allí abajo, mojando perezosa los centímetros de arena seca por los que avanzaba de nuevo, con tesón incansable, dispuesta a recuperar lo que le habían arrebatado hacía ya muchos años, sin prisa, tenía todo el tiempo por delante.
Carlos miró hacia la ladera de la Providencia, hacia el lugar donde una vez creyó que se encontraba la casa de Daniela. Desde donde estaba él ahora era imposible ver nada, si acaso intuir más que ver el edificio. Por las noches, esperaba, absurdamente, descubrir alguna luz que le dijera que la casa estaba habitada, que ella volvía a estar allí, que había vuelto. Era una locura, lo sabía, pero le daba igual.

martes, 7 de agosto de 2018

Dudas

Encontró el papel cuando buscaba monedas en la cartera de Eva para sacar una Coca Cola de la máquina del chiringuito. Ella había ido al baño y dejó el bolso de playa sobre la silla. La hoja era del tamaño de una cuartilla, estaba doblada sin cuidado y escrita con la inconfundible letra de Eva. Javier la guardó en su propio bolso y no siguió buscando las monedas porque si ella lo veía hacerlo, cuando echase de menos la cuartilla, sabría que habría sido él quien la habría cogido. No sabía por qué le parecía que Eva no habría querido que él leyese el contenido de aquella hoja. ¡Qué tontería!, si ni siquiera sabía lo que decía. Abrió su bolso para sacar la cuartilla y dejarla de nuevo en el de Eva, pero, en ese momento, ella salió por la puerta del restaurante y él ya no tuvo tiempo de hacer nada sin quedar en evidencia.
— ¿Sacamos un refresco de la máquina?
— Sí, pero tienes que darme dinero, que no tengo nada suelto.
Eva rebuscó en su bolso, mientras Javier la observaba con atención, pero no vio ninguna señal de que ella hubiera echado en falta la hoja.

sábado, 21 de julio de 2018

Un hombre diferente

Allí estaba él haciendo un esfuerzo sobrehumano para no rodear la mesa, levantar suavemente su barbilla y beber las lágrimas de desconsuelo que bajaban lentas por sus mejillas hasta despeñarse, suicidas, sobre el pecho que se agitaba con sus sollozos.
Hacía dos meses que Lucía trabajaba en la oficina. Dos meses que Alberto estaba enamorado como un idiota de aquella chica tímida y preciosa que el departamento de recursos humanos había seleccionado para suplir la baja maternal de su secretaria.
Había tratado por todos los medios que no se le notara lo que sentía por aquella chica, pero dudaba haberlo conseguido, porque no podía evitar quedarse colgado de aquellos ojos llenos de alegría. Pero lo que sí se había impuesto y llevado a rajatabla fue mantener las distancias que tenía que haber entre jefe y empleada y que con ella, por razones obvias, aunque quizás ella lo interpretara equivocadamente, eran más lejanas que con cualquier otro empleado de la oficina.

sábado, 14 de julio de 2018

El secreto

El coche ascendía por la estrecha carretera llena de curvas en medio de la noche y de una lluvia persistente. La velocidad era poco prudente para aquella carretera y mucho más en aquellas condiciones, pero le acuciaba el deseo de llegar cuanto antes y su mente no pensaba en el peligro, sino que como un péndulo oscilaba entre dos únicos pensamientos: no encontrarse a nadie en la carretera, algo siempre improbable y más a aquellas horas, porque era demasiado estrecha para que pasaran dos coches a la vez; y llegar antes de que fuera demasiado tarde.

sábado, 7 de julio de 2018

El accidente

Marisa no podía evitar sentir la repulsión que le provocaba la cara de Luis. Era algo más fuerte que ella.
Después del accidente trató de sobreponerse, ayudarlo a no sentirse una especie de monstruo de feria y, al principio, casi lo consiguió. Fueron los algo más de dos años en los que, operación tras operación, el rostro de Luis fue pasando de ser algo deforme a una especie de caricatura. Una mezcla entre muñeco diabólico y emoticono burlón. Pero su resistencia se acabó la tarde en la que el cirujano plástico les anunció que el proceso había terminado. No era una cuestión de dinero o de que la Seguridad Social no cubriera el tratamiento durante más tiempo, no, era una cuestión técnica, por decirlo de alguna manera, les explicó; la piel y los músculos del rostro de Luis ya no admitían más manipulaciones; los tejidos habían llegado a su límite.
— Pero, algo habrá que se pueda hacer… — dijo Marisa con una ligera nota de horror en su voz.
—Me temo que no —respondió el médico con una pesadumbre estudiada, profesional y, por su puesto, fingida. Hacía muchos años que había aprendido a no sufrir por las desgracias de sus pacientes y menos por los temores de sus familiares.

Tardes de fútbol

  Siempre se había considerado a sí mismo como un hombre muy sensible. Le gustaban las historias de amor, sobre todo, las de amor incomprend...