El tren comenzó a avanzar lentamente. Él, de pié en su vagón, se despedía de ella que le veía alejarse desde el andén. De pronto vió como en su mano levantada se congelaba un adiós. Miró al fondo de la estación y le vió apoyado en la pared debajo del reloj que marcaba una hora incongruente. En ese momento supo que la había perdido.
El tren comenzó a curvarse obligado por los railes y la estación desapareció de su vista. El tren fue engullido por la oscuridad.
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