miércoles, 6 de abril de 2011

Valor

Paseaba con la angustia oprimiendo su pecho, incapaz de sobreponerse a aquella sensación tan familiar, cuando le apetecía echarlo todo a rodar, pero sabiendo que no sería capaz de hacerlo.
Pero esta vez algo sí cambiaría, no se quedaría de nuevo con el sabor amargo de haberse dejado vencer sin tan siquiera luchar.
Camino a casa, cambió de idea muchas veces, tantas como se volvió a reafirmar en su idea inicial. Dio algunos rodeos deliberados para retrasar el momento y, en última instancia, entró en el supermercado y compró el güisqui más caro de la tienda. No lo quería para darse valor, sino para la celebración posterior.
Llegó a su casa, le dio un beso a su mujer y le dijo:
- Ha llegado el gran día.
Ella siguió enfrascada en su trabajo sin hacerle demasiado caso. ¿Cuántas veces le había dicho lo mismo? ¿Cuántas, ella, creyó haberle convencido para verlo arrepentirse de nuevo?
Mientras encendía el ordenador se sirvió un generoso vaso de güisqui con cuatro piedras de hielo. Se sentó ante la pantalla y abrió el documento; miró al pie de la página del tratamiento de textos: 348 páginas. Deslizó la barra lateral hasta que llegó a la última página y escribió “FIN”.

3 comentarios:

  1. Información Bitacoras.com...

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  2. si me emociono cuando termino un micro o un cuento corto, ni me imagino a lo que sabrá es güisqui.

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  3. Ya somos dos, Juan.
    Saludos.

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